Miradas Invisibles

Todo comenzó hace años; pronto harán 5 o 6. Por algún motivo que a día de hoy sigo intentando averiguar, pasé una mala racha como quien dice.  Mi vida era absolutamente negra, desde el primer minuto del día, hasta la última hora de la noche; y estaba rodeada de todo lo que odiaba; sobre todo a la sociedad en su conjunto, con sus estúpidas convenciones a las que no conseguía adaptarme. Mi individualismo tampoco me lo permitió nunca.

No tardé mucho en buscar un consuelo. Comencé a leer esos libros que nadie te recomienda y me vi en sus muchas líneas descrita, letra por letra. ¿Cómo pude sentirme tan identificada con personas que vivieron hace más de cien años? Es otra pregunta a la que aún sigo intentando responder. Eso fue lo que me impulso a escribir. Pasaron de ser simples escritores desconocidos para mi generación, a ser motivos a perseguir e imágenes a lograr. Me propuse describir de su misma forma -hasta donde mi humilde léxico quiso acompañarme- esos momentos que tanto hastío me provocaban. Mi primer blog fue un borrador. Fue un diario del que nunca me gustaría desprenderme. Era el pensamiento viviente de un yo sin haber evolucionado y ojalá en diez años pueda pensar lo mismo de éste. Así que escribí;  una barbaridad. Escribí sobre todos los estereotipos y todos los prejuicios que me descasillaban y me enerbaban. Escribí mis penas más profundas de forma anónima, deseando demasiadas veces que la persona correspondida me descubriera. Quién debía nunca me descubrió y yo temía profundamente al resto.

Hoy, en cambio, es el día en el que voy a enfretarme cara a cara a una mirada nueva. Una mirada que siempre he tenido, pero que por desgracia, demasiadas veces siento que no ha estado bien encaminada. Lo que podría haber empujado a muchas personas cercanas, lo que podría haberlos animado; esos gestos que tan bien supe observar, nunca los saqué a la luz. Estaba tan oscuro mi camino que no supe ver los montones de farolas y bonitas velas que intentaban alumbrarme y cada vez que las tuve cerca, me giré para poder mirar a esa negrura a los ojos y disfrutar de ella, sabiendo el dolor que eso me provocaba. Hoy quiero ofrecer una perpectiva nueva de mi vida. No quiero caer en tentaciones absurdas como las críticas, intolerancias y quejas magnificadas deseosas de ser escuchadas y compartidas por una gran masa. Quiero hablar libremente sin tratar, ni hoy ni nunca, de convenceros. Quiero expresarme sin sentir ni una sola frontera; quiero decir todo lo que pienso, aunque mi opinión cambie, pero, sobre todo, quiero hacerlo desde esta mirada nueva. Muchos aspectos de la vida son muy negros, pero no quiero nunca más acabar de contarlos sin un poquito de luz aunque sea. No, para quienes lo penséis no soy una de esas personas optimistas que están de moda que proponen que todos los días serán increíbles y que la vida es fantástica. No soy ésa, pero admito que a muchos nos hace una falta tremenda de una pizca de ese optimismo. Nos hace falta recordar, que con todo lo malo que suceda, la vida merece la pena y que ese valor, sobre todo, se encuentra en eso que de lejos parrece insignificante.

 

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